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La demanda de carbón
condujo a la invención de los ferrocarriles
La demanda por carbón de piedra
continuó aumentando enormemente, de tal modo, que la zona
de trabajos que durante mucho tiempo no se había extendido
más de 200 metros alrededor del fondo del pozo, se fue ampliando
y, al mismo tiempo, profundizando hacia yacimientos más bajos,
lo cual. trajo consigo la necesidad de acelerar el arrastre del
carbón a través de la mina hasta el fondo del pozo,
y de hacer más eficaz y rápida la elevación
de dicho carbón hasta la boca. La dificultad del arrastre
trajo consigo la invención de los carriles, o sea el disponer
a lo largo de los principales túneles de la mina gruesos
y fuertes listones de madera, sobre los cuales podían circular
artesones con ruedas, arrastrados por caballos. Estas vías,
con carriles de madera, fueron también usadas para acarrear
el carbón, en el norte de Inglaterra, desde las bocas de
las minas a los puntos de embarque fluvial o marítimo para
el transporte a más grandes distancias. La elevación
del carbón hasta lo alto del pozo fue primero efectuada por
medio de caballerías, que hacían funcionar un malacate.
Cuando el vapor fue empleado con este objeto, se hizo de una manera
indirecta. La máquina de Newcomen o la modificación
que de ella hizo James Watt se empleó para extraer el agua
de la mina, y a su vez este agua hacía funcionar una aceña
que elevaba el carbón, procedimiento que se abandonó
por las mejoras introducidas por Watt en la máquina de vapor,
haciendo que ésta fuese directamente utilizable para la elevación
del carbón y toda clase de cargas hasta la boca de la mina.
La rapidez con que entonces se efectuó
la extracción del carbón aumentó enormemente.
En un principio se empleaban cestos de mimbre, suspendidos a lo
largo del pozo por medio de cuerdas de cáñamo, y se
consideraba como una cosa extraordinaria el que se pudieran elevar
90 toneladas de carbón al día en una de las minas
solamente de Newcastle , UK .
Trescientas toneladas al día es la cantidad mayor a que se
llegó por este sistema primitivo de elevación. Ahora,
miles de toneladas pueden elevarse diariamente con los poderosos
ascensores a vapor o eléctricos funcionando estos últimos
algunas veces, automáticamente.
Cómo salía el carbón del pozo en los primeros tiempos
El primer gran impulso dado a la rápida extracción del carbón de una mina fue dado por John Curr, de Sheffield, quien substituyó los carriles de madera por carriles de hierro colado, |
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vagonetas con ruedas a
los artesones y cestos antiguos, empleando además cables
de alambre verticales a lo largo del pozo, que sirviesen de guías
para una caja o jaula firme y fuerte, que subiese y bajase a lo
largo del pozo, y una cuerda plana y fuerte que aumentase el diámetro
del cilindro o eje, alrededor del cual dicha cuerda se fuese arrollando
a medida que la caja o jaula de ella suspendida se fuese aproximando
a la boca del pozo, acelerando de este modo la rapidez de la ascensión.
Este mismo inventor fue el primero que empleó máquinas
fijas para el arrastre de las vagonetas de carbón en el interior
de las minas. Puede decirse que las mejoras introducidas por Curr
en el último cuarto del siglo XVIII , y los perfeccionamientos
introducidos en aquéllas por Hall, un ingeniero inglés,
en el primer cuarto del siglo XIX , vinieron a constituir, en términos
generales, el sistema en uso durante el siglo XX para elevar el
carbón desde el fondo de la mina, aunque, como es natural,
estén efectuándose constantemente modificaciones para
facilitar el trabajo en todas las fases de la labor.
Al par que se tomaban estas medidas
para lograr la rapidez y economía, la lucha por la vida en
los pozos cada vez más profundos, seguía también
de un modo incesante. El diluir los gases desprendidos por medio
de una fuerte corriente de ventilación o prender fuego a
las pequeñas acumulaciones de gas, resultaron ser medios
evidentemente insuficientes para prevenir terribles catástrofes.
Al mismo tiempo, la luz producida
por la serie de chispas obtenidas con una maquinilla de acero y
pedernal, que era suficiente para trabajar en sitios donde las lámparas
hubiesen provocado la inflamación de gases y que se había
considerado como medio no peligroso en las minas muy someras, resultó
fatal cuando cambiaban las circunstancias y se operaba en minas
más profundas. A principios del siglo XIX , siete terribles
explosiones ocurrieron en nueve meses, y las discusiones públicas
respecto a los sistemas de ventilación de las minas se hicieron
muy apasionadas.
Es claro que la dilución de
los gases desprendidos, empleando una corriente de aire fresco,
no era el medio adecuado, porque los gases se acumulaban constantemente,
hasta que prendían fuego, cuando pasaban cerca del horno,
situado en el fondo del pozo de salida. Grandes mejoras se hicieron
en la ventilación, particularmente por John Buddle, de las
minas de Wallsend, en Newcastle, quien introdujo el sistema compuesto
empleando dos corrientes de aire fresco en lugar de una sola y limitando
el circuito de cada corriente.
Cómo Sir Humphrey Davy
proveyó al mundo de la lámpara de seguridad
A pesar de todas estas precauciones,
las catástrofes continuaron, y se hizo evidente que había
que buscar el remedio, impidiendo la ignición de los gases,
puesto que éstos no podían ser enteramente eliminados.
En estas circunstancias, se pidió el consejo de Sir Humphrey
Davy, quien hizo una visita al norte de Inglaterra, donde se le
dio cuenta de todos los hechos y circunstancias por Mr. Buddle,
el Director de minas más competente de su tiempo. "Creo
que puedo hacer algo por usted ", fueron las modestas palabras
con que Sir Humphrey Davy terminó la entrevista, y siete
semanas después, anunció que sus experimentos y ensayos
habían sido aún más afortunados de lo que esperaba.
El resultado fue el descubrimiento de la lámpara de seguridad
de Davy. "Al fin, hemos rendido al monstruo " , fue la
exclamación de Mr. Buddle, cuando vio la lámpara ardiendo,
rodeada de gases inflamables, y que la lámpara seguía
ardiendo sin inflamarlos. Más tarde, cuando se preguntó
a Sir Humphrey Davy por qué no había sacado patente
por su invención, replicó " Nunca pensé
en semejante cosa. Mi objeto ha sido servir a la Humanidad "
. Este fue el noble final de una gran cruzada, y es al mismo tiempo
un buen ejemplo de los humanitarios resultados de muchas de las
investigaciones de aquel hombre de ciencia.
La lámpara que ha salvado
miles y miles de vidas
La lámpara de Davy se halla
fundada en la suposición de que una explosión no se
propaga a través de pequeñas aberturas, a causa del
gran enfriamiento que experimentan los gases al atravesar redes
metálicas, y de acuerdo con esta teoría, construyó
una lámpara con tela metálica.
Esta invención ha sido el medio de evitar en las minas muchos
peligros, y los casos de aparente fracaso han sido a menudo debidos
a la gran ignorancia o al involuntario descuido de los que usan
la lámpara, pero se ha comprobado que la inmunidad depende
de la velocidad con la que la corriente de atmósfera dañina
atraviese la red. Se han procurado disposiciones para evitar el
impulso del aire, y se han realizado en la lámpara algunas
otras mejoras, pero a Davy corresponde el mérito de la invención
original de esta gran defensa, que ha ahorrado la pérdida
de muchos millares de vidas de trabajadores de las minas.
El trabajo del minero ha sido y será
siempre una lucha a brazo partido con el peligro. La muerte está
constantemente a su lado. Puede ser envenenado por el ácido
carbónico o por él óxido de carbono, o por
el hidrógeno carbonado, llamado gas de los pantanos, o por
los productos que infestan una mina después de la explosión;
puede ser aplastado por los hundimientos de los techos y paredes
de las minas, pues siempre el peso de la tierra socavada se tiende
a hundir cuanto se encuentra sobre la cabeza del minero, y a obstruir
las galerías subterráneas por presiones en todos sentidos.
En realidad, todo el trabajo del
minero en el fondo de la mina es efectuado en medio de fuerzas que,
esté o no él alerta, le pueden sorprender y dañar.
La mayor parte de las vidas perdidas resulta del derrumbamiento
de los techos y paredes, viniendo después las explosiones.
Pero la ciencia trabaja continuamente para eliminar los peligros
de la extracción del carbón. Se había creído
primeramente que la única causa de las explosiones era el
hidrógeno carbonado, llamado gas de los pantanos, no habiéndose,
consiguientemente, prestado atención ninguna al polvo del
carbón.
Andando el tiempo, sin embargo, surgió
la sospecha de que ciertos misteriosos desastres podían ser
debidos precisamente a dicho polvo de carbón, y la ciencia
comenzó a trabajar para dilucidar la cuestión. Se
hicieron muchos experimentos, especialmente por el Departamento
de Minas de los Estados Unidos. Esta institución construyó
una gran cámara en la cual podían inyectarse nubes
de polvo de carbón y producir chispas eléctricas por
medio de troles. Se encontró de este modo que estas atmósferas
de polvo podían, sin duda ninguna, producir explosión,
y en seguida se discurrió el medio para prevenir accidentes
debidos a esta causa. El polvo de carbón se amortiguó
con agua de la mina o se hizo que se depositara, cubriéndolo
con polvo de roca, y de este modo se ha conseguido salvar un gran
número de vidas.
Los
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