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El
Sol es un enorme reactor nuclear, de un diámetro de
1,2 millones de kilómetros, que funciona desde hace
miles de millones de años. |
Si
prescindimos de la energía atómica, cuya utilización
industrial está sólo en sus principios, la energía
de que disfrutamos proviene originariamente del Sol. Toda
la que contienen nuestras fuentes principales, petróleo
y carbón, no es, de hecho, más que calor solar
captado hace millones de años por plantas hoy fósiles
y acumulado en forma química. Otro tanto puede decirse,
poco más o menos, de la madera en cuanto combustible
y del gas de origen endógeno ( metano y afines).
En
conjunto, los rayos solares transmiten a la Tierra cada segundo
cincuenta mil millones de kWh, lo cual equivale a dos millones
de veces las necesidades actuales de energía del mundo.
Sin embargo, esta fabulosa cantidad no supone sino unas dos
milmillonésimas de toda la energía irradiada
por el Sol. El hecho de que la Tierra reciba tan sólo
esta minúscula fracción de la energía
emitida por el astro se debe a que nuestro planeta, visto
desde el Sol, solamente ocupa dos milmillonésimas de
toda la esfera celeste. |
Pero,
¿de dónde proviene toda esta enorme energía?
Es evidente que, para producirla, se requiere una fuente casi inextinguible.
Si el Sol no fuera más que un cuerpo ardiente, habría
emitido ya tal cantidad de energía que hoy ya se habría
enfriado. Por otra parte, si el astro obtuviera su energía
del mejor de los carbones fósiles, debería quemar
cada día una masa igual a la del globo terráqueo,
y si todo el Sol estuviera formado de carbón, existiría
una reserva apenas suficiente para cinco mil años, cuando
lo cierto es que el astro que nos proporciona luz y calor brilla
desde hace millones, incluso miles de millones de años.
El
problema de determinar cuál era el origen de tal energía
ha constituido un verdadero enigma, y en pasadas épocas se
recurrió a todas las hipótesis imaginables para hallar
una explicación satisfactoria. Si una estrella, y el Sol
lo es, se contrajese, es decir, se redujera de volumen, el fenómeno
produciría la liberación de enormes cantidades de
energía, porque la condensación provocaría
la compresión del gas, con el consiguiente aumento de su
temperatura. No obstante, este proceso tendría una duración
relativamente breve, mientras que el diámetro del Sol no
sufre variaciones sensibles, al menos en lo que nos es dable comprobar.
Por tanto, nuestro astro no produce su energía según
este mecanismo.

Vista
desde el Sol, la Tierra aparecería como un pequeño
cuerpo celeste que ocupa dos milmillonésimas de la
extensión de la bóveda del firmamento; por esta
razón, nuestro globo recibe tan sólo dos milmillonésimas
de las radiaciones que emite el Sol . |
Según
otra hipótesis emitida en el pasado, en el Sol se produciría
una liberación de energía constan te, compensada
por la precipitaciones sobre el astro de meteoros y cuerpos
de dimensiones aún mayores. Pero también esta
suposición era insostenible: si los meteoros cayesen
en suficiente número como para producir la energía
solar, estos cuerpos celestes chocarían continuamente
con la Tierra, lo cual no sucede. |
Se
llegó, por fin, a formular la hipótesis de que en
el Sol existía un combustible de altísimo contenido
energético, desconocido en la Tierra.
Hoy,
en la era de la energía atómica, todas estas suposiciones
se han superado, y está demostrado que eran infundadas: no
sólo sabemos que la fuente de energía del Sol es el
átomo, sino que también conocemos los procesos mediante
los cuales tiene lugar la producción de la energía.
En
el Sol se efectúa una continua transformación del
oxígeno en helio, proceso que libera enormes cantidades de
energía y que se utiliza también en las bombas de
hidrógeno. En estos ingenios bélicos, la liberación
de la energía se produce en una bravísima fracción
de tiempo, y hoy se llevan a cabo todos los esfuerzos posibles para
controlar la transformación, de modo que se resuelva definitivamente
el problema de las fuentes de energía.
Según
los cálculos actuales, en el centro del Sol existe una presión
de cien mil millones de atmósferas y una temperatura de veinte
millones de grados. La alta presión supone una alta concentración
de la materia, hasta el punto de que las sustancias sólidas
quedan reducidas a la décima parte de su volumen. Por otra
parte, una temperatura tan elevada da lugar a una enorme movilidad
de todos sus átomos. En tales condiciones, los choques entre
átomos son tan frecuentes y violentos, que la producción
de helio a partir del hidrógeno se produce inmediatamente
a través del llamado proceso de decaimiento de los protones
en neutrones. Como se sabe, el protón es una partícula
elemental que constituye el núcleo del hidrógeno y
está dotada de carga positiva. El proceso en cuestión
se desarrolla según las siguientes fases:
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En
la primera fase, los núcleos de dos átomos de
hidrógeno, es decir, dos protones, chocan entre sí,
con lo cual uno de los protones pierde su carga eléctrica,
que emite bajo la forma de positrones; a consecuencia de la
pérdida de la carga eléctrica, el protón
transforma en neutrón. Se crea así un núcleo
de deuterio, es decir, de hidrógeno «pesado»,
consistente en un protón y un neutrón.
La
segunda fase consiste en la fusión de un nuevo protón
con el núcleo de deuterio. Ahora hay dos protones y
un neutrón, es decir, un núcleo de helio «ligero»,
dado que un núcleo con dos protones corresponde siempre
al helio. |
En
la tercera fase se produce la unión de dos de estos núcleos
de helio «ligero», con cesión de dos protones
y formación de un núcleo constituido por dos protones
y dos neutrones. Esto es el helio común.

En
el centro del Sol reina una temperatura de veinte millones
de grados, en tanto que la presión asciende a cien
mil millones de atmósferas. La energía se forma
en el núcleo del astro, desde donde es irradiada a
las capas superiores y de éstas al espacio circundante. |
Pero
el aspecto decisivo lo constituye el hecho de que en este
«juego de las cuatro esquinas» entre los núcleos
atómicos se libera energía. Si consideramos
unitaria la masa de un protón o de un neutrón,
no cabe duda de que el núcleo de helio debería
tener una masa «4», dado que consiste en dos protones
y dos neutrones. Sin embargo, tiene una masa de 3,97 solo,
lo cual significa que, en el proceso de «creación»
del helio a partir del hidrógeno, un fragmento de la
materia que interviene desaparece, para transformarse en energía.
En el curso de transformaciones de este género, una
pequeña pérdida de masa supone la aparición
de una enorme cantidad de energía. Si se transforma
un gramo de hidrógeno (es decir, once litros de gas
) en helio, desaparecen 0,0068 gramos de materia, que se transforman
en 170.000 kWh, o bien, en 62,4 miles de millones de kilográmetros
(kgm).
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Ésta
es, pues, la fuente de energía del Sol, donde cada segundo
se transforman en helio 632 miles de millones de toneladas de hidrógeno.
La materia que desaparece y que pierde el Sol alcanza los 4,3 millones
de toneladas por segundo, mientras la producción de energía
supone 370.000 trillones de kWh.
Son
cifras que dan vértigo, desde luego; pero, por enormes que
puedan parecer, la reserva de hidrógeno del Sol basta para
asegurar todavía durante miles de millones de años
una producción de energía de tal magnitud.
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